lunes, 23 de agosto de 2021

Hoy cumple mi abuelo

 


El 23 de agosto era el cumpleaños de mi abuelo Pa. Pasé mucho tiempo con él y con mi abuela Piti: me llevaban con ellos de vacaciones a Mar del Plata, todos los febreros. Me cuidaban en su casa cuando no había colegio. Trabajaba en la compañía de seguros Boston, y me encantaba ir con mi abuela a buscarlo, pero antes jugar un rato con los sellos de su escritorio y usar la abrochadora y la perforadora.

Cada fin de semana me iba con ellos al club de Seguros, en Moreno. Ahí empecé a jugar al tenis y también conocí al chico que me dio mi primer beso. Cenaba con ellos cada noche a las 20.30, pero antes mirábamos un poco la tele: Bonanza, El Gran Chaparral o Grandes Valores del Tango. Sus preferidos eran Rosanna Falasca, Guillermito Fernández, Tito Lusiardo y “Marianito” Mores.


Estaba orgulloso de su familia, y le encantaba reunirnos en su casa para hacernos un asado. Cuando había asistencia perfecta traía la cámara para conseguir “la foto” para mandare a los primos de España. No hubo muchas dignas de despachar, ya que siempre alguno hacía cuernitos o sacaba la lengua y arruinaba a imagen. ¿Qué iba a pensar el primo Eusebio de semejante conducta?

Cuando pasó el tiempo y con mis primas empezamos a usar minifaldas, ponía esas terribles caras de culo que de chicas nos habían asustado tanto.  Pero se hacía el gil cuando llegábamos con olor a cigarrillo, a pesar de que “las niñas y las mujeres”… no tenían que fumar. Era, para mí, la autoridad que siempre hace falta tener para desobedecer. Algo que, según entiendo, es algo bueno o sano para nuestra psiquis.

Me encantó tener ese abuelo, tan presente, apasionado, trabajador y generoso. Como tantos inmigrantes que llegaron con nada, supo forjarse una buena vida. Y contó con dos virtudes que lo ayudaron mucho: era bastante buen mozo, y sobre todo, muy empático. “Juanito” no pasaba desapercibido. Por eso lo tengo siempre presente, como una mano protectora que siempre me cuidó.

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Sigue...

Esta entrada generó muchos comentarios en Facebook y hay algunos de la familia que suman más a este recuerdo. Por eso los agrego acá.



  • Lucía Lizzi
    Una gran persona tu abuelo. Le gustaba el tango y discutía con su cuñado por Goyeneche. Tengo un hermoso recuerdo de Pata !
    1
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    • 6 d
  • Liliana Lastra
    Y cada domingo que podía venía con la bici a casa de su hna Tita a tomar el clásico vermucito con picada 😍
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      • 5 d
    • Francisca Puerto Cerrato
      Me ha encantado el relato sobre tu abuelo, gracias por nombrar a mi padre. Yo conocí a tu abuelo y abuela. Encantadores. Los recuerdo perfectamente, fueron unos días juntos muy bonitos. Besos de tu familia de España.
      2
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    • Francisca Puerto Cerrato
      Me ha encantado el relato sobre tu abuelo, gracias por nombrar a mi padre. Yo conocí a tu abuelo y abuela. Encantadores. Los recuerdo perfectamente, fueron unos días juntos muy bonitos. Besos de tu familia de España.
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  • Ana Maria Ponzio de Alurralde
    A mi me hacía batirle el café para que saliera espumoso, también ligué vacaciones en Mar delPlata y muchas noches de verano compartíamos el umbral de la puerta de calle con charlas y me cantaba La pulpera de Santa Lucía, cuando más grande yo,, interrum… 
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    1

  • Alicia Rodriguez
    Que pinta!!!!!! Una vez una señora que lo vió venir por la playa me preguntó: ESE ES TU PAPÁ? Y yo más que orgullosa le dije: SI

domingo, 12 de abril de 2020

La nena de los huevos emplumados

Como hija única de padre idem, para mi abuela Angélica el día de Pascua era todo un acontecimiento. Y así como en Navidad se hacen colas interminables para comprar el pan dulce de Plaza Mayor, lo mismo pasaba para esta época en dos chocolaterías famosas del centro: Corso y Córcega.

La primera, que creo que todavía subsiste en su local original de Maipú y Corrientes, mano izquierda, tenía unas latas de bombones color marrón o azul. En más de una casa se deben seguir usando como costurero, donde el unoauno no alcanzó para reemplazarlas por las latas de galletitas danesas, mucho más altas y más cómodas para guardar hilos, cierres, frasquitos con botones, ganchitos y otros.


Córcega estaba en Esmeralda o Suipacha...Hace mucho pasé y ví que había cerrado, y fue algo raro o feo, porque sentí que se había cerrado una puertita de mi infancia. El local estaba al lado del Palacio o el Emporio de la Papa Frita, donde la gordita que siempre fui disfrutaba al ir con su  papá a dar cuenta de las milanesas con papas souflé.



Googleando descubrí que la marca fue remozada y
aabrió un coqueto local sobre la calle Florida. También tenían sus clásicas latas de bombones/costureros, y la de muchos colores era la más popular.

Ambos comercios competían cada año para ver quién hacía los huevos de Pascua más originales. En realidad el huevo era un huevo sencillo, de chocolate riquísimo y de buena calidad, pero sin esos horribles adornos de cisnes de azúcar y flores incomibles que le ponían en las panaderías. Adentro traían confites, bombones, "joyas" y juguetitos. Pero el packaging era lo que más garpaba, ya que garantizaba un plus al momento de elegir la compra.
Mi abuela flasheaba porque la mayoría venían en una gran caja con un nidito hecho de paja donde se asentaba el huevo (es la misma paja que traen los cajones de melones, aunque esto termine de destruir totalmente el glamour que traía hasta ahora la descripción). Para tratar de recomponer la atmósfera perdida... este amoroso nidito tenía  plumitas rosadas, celestes o amarillas, según el regalo fuera para nena, varón o niñe (???). El conjunto era súper delicado y subyugaba a nuestros espíritus románticos, tanto el mío como el de mi abuela, que me decía encantada: "Mirá, tiene plumitas".

Hoy, a la distancia, me doy cuenta de toda la ilusión que le ponía al evento, al hecho de ir a hacer la fila para comprarme el huevo emplumado. En ese momento uno solo veía el chocolate, el nidito, la plumita y el anillo de plástico que eventualmente traía. Si es que de verdad existe una energía que nutre, estoy segura de que también estaba rodeado de un montón de cariño, pero ¿qué sabía yo entonces de todo eso? Por suerte, la hojalata perdura en el tiempo... y cada vez que busco un botón o un alfiler de gancho vuelvo por un ratito al pasado, e inevitablemente me arranca una sonrisa de "qué lindo".



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