martes, 19 de noviembre de 2024

Una caricia en el monitor


 

Hace un tiempo terminé de vaciar el departamento de mi papá, y entre las pocas cosas que dejaron mis “hermanastras” encontré una fotito de mi papá. Ahí tendría sesenta y pico, cuando se sentía pintón, potente, exitoso y productivo. Por ende, bastante bien. Por eso mira a la cámara con sus eternos anteojos, sus ojos melancólicos y una media sonrisa tímida. Tan él.

Puse esta foto en un rincón del monitor que tengo en mi escritorio (no lo uso siempre, solo está ahí, apagado, para alguna reunión).  Y todos los días, cuando abro la laptop, inevitablemente la veo y la acaricio. Como si de esa forma, le pudiera hacer llegar mi cariño.

Junto con el cariño también me vienen ganas de pedirle perdón, por algunas cosas que hice que creo que le causaron dolor, frustración o andá a saber qué, ya que en lugar de encararme se ofendía y se metía para adentro.

Con el correr del tiempo me di cuenta de que seguramente se sintió muy mal cuando, el día de mi casamiento, elegí entrar a la iglesia con mi marido en lugar de hacerlo con él. En ese momento solo pensé en mí, en lo que yo quería, que era no tener que escuchar sus comentarios freak, ridiculizando la situación. Para mí era un momento importante y no quería que él se riera y dijera boludeces camino al altar, como seguramente hubiese hecho. Tipo: “mirá la cara de ganso del cura”, o “la tía Ofelia parece un papagayo”, o “Fulanito es un muñeco de torta con ese traje”. Y muchos otros dichos del estilo, hasta completar el recorrido por la alfombra roja.

No hace mucho, entendí que era su manera de defenderse de las situaciones que lo sensibilizaban. Y entonces, para no dejarse llevar por la emoción, ¿qué mejor que ridiculizarlo para que no te llegue? Como joven mujer insegura de 29 o 30 años, para mí era una etapa linda de mi vida, que quería que fuera perfecta, todo flores, moños, crataegus y glamour como el que había visto en la revista Novias. Donde los comentarios burlones no existían, y el padre de la novia se veía emocionado, al entregar a su hija al otro hombre que se haría cargo de ella a partir de ese momento.

Ese fue el mayor error que cometí con mi papá, y creo que fue el que más lo lastimó. Porque no supe o no pude ponerme en su lugar. Él tampoco pudo ni supo manejar la situación, no me encaró ni hablamos del tema. Un error de los dos, de no tomar el toro por las astas y abordar la cosa como los adultos que no éramos, ni él, ni yo.

¿Qué otro momento lo puede haber enojado? Cuando no cumplí sus expectativas con la facultad, y fui bastante pajera en lugar de ser constante y aprovechar mis -supuestas- dotes naturales para razonar, entender y aprender. Justo ahora me viene a la mente el primer desengaño de ese tipo: fue cuando, a mis 10 años, me compró un tablero profesional de Go, con 4 libros de autoaprendizaje. Él esperaba que yo los estudiara y me convirtiera en una joven gran maestra argentina. Pero si casi no tengo disciplina ahora, menos la tenía a los 10 años, para ponerme a aprender sola y sin un interés genuino. Sumado a que no me gustan los juegos de estrategia... tal vez por eso no le di ni pelota y no pasé del primer libro. En cambio, el Scrabble me encantaba, porque se me dan mejor las letras que la táctica estratégica.

Paso al tercer gran error, que fue no aceptar que se dejara morir. De nuevo, con el tiempo, comprendí que no quería ser viejo. Tampoco quiso ser abuelo, sino que prefería decir que los chicos eran los hijos de su hija. Y entonces se enfermó y se murió. Pero no cumplió 70, que era de viejos.

Decía Ringo Bonavena, en su sabia brutalidad, que la experiencia es un peine que te entrega la vida cuando te quedaste pelado. Por eso acaricio la foto cada mañana, como una forma de pedirle disculpas, decirle que yo también hice lo que pude, y que no me di cuenta de que tal vez lo estaba lastimando.

De haberlo sabido, seguramente hubiera tratado de complacerlo, o al menos, hablar sobre los temas complicados, tal vez enojarnos, putearnos como nunca lo hicimos. Para amigarnos después y llegar a un acuerdo que nos dejara conformes a los dos. Como sea, nos quisimos mucho, y el balance es bueno. Así que ahora lo acaricio de nuevo, y me pongo a trabajar... que ya estoy atrasada. 

miércoles, 6 de marzo de 2024

Celulares en las nubes

 Mi mamá nació el 3 de marzo de 1935, y hoy hubiera sido su cumpleaños. Y este es el primero que no se festeja, que no se saluda, que no se soplan las velitas ni se hace una torta. Es otra de las cosas que me van haciendo dar cuenta de esa pérdida a la que todavía no me acostumbro.

Seguramente no llevaré la cuenta del PNC (primer no cumpleaños), ni del SNC (segundo no cumpleaños), y así. No soy de esas que dicen “hoy papá hubiera cumplido 98 años” o peor: “hoy el abuelo hubiera cumplido 125 años”. Lamentablemente, no llegó. Por eso sé que no voy a llevar la cuenta, y que desde ahora y para siempre, el 3 de marzo va a ser distinto.
También me pasa que me parece raro ver posteos que muchos le dedican a un ser querido que ya no está… como si este pudiera efectivamente leerlo. Obviamente, quien lo publica lo sabe, pero aun así, necesita hacerlo, para hacer catarsis y para ilusionarse o jugar a que sí, lo va a leer.
La otra noche, mientas pensaba medio dormida cómo iba a atravesar este día, se me ocurrió -o soñé- una idea loca, linda pero poco probable. Había un grupo de ángeles viejitos recién llegados al cielo, sentados en el borde de las nubes, con las piernas colgando para abajo, mirando cada uno su flamante celular obsequiado por San Pedro al llegar. Era un aparato solo permitido a los viejitos novatos, porque todavía no se acostumbraban a estar lejos de sus seres queridos. Y como excepción, se les permitía mirar lo que publicaban los suyos en las redes sociales… solo por un tiempo.
El privilegio, que los distinguía del resto de los ángeles, duraba unos largos meses, hasta que se les fuera disipando la sensación de ausencia, y se acostumbraran a su nuevo hogar. Con esta práctica, la mayoría se quedaba tranquilo y feliz, viendo como su familia y amigos los recordaba con cariño, y sentían, en su nuevo corazón no corpóreo… un calorcito reconfortante.
Por eso, por las dudas, si es posible, y si ya tenés el celular, ¡feliz cumple, Peta! Te extraño, te quiero y te queremos, siempre.

P.D. cuando publiqué esto en FB recibí unos mensajes tan cariñosos y lindos que merecen ser pegados acá. Ahí van:

Silvia: A Peta, que estoy segura nos está espiando con el celu
Ana: Hermoso escrito. Si que se la extraña a Elsita!!!
Federico: Abrazo sentido querida Gaby! He pasado por esas sensaciones. Por esos sentimientos y aunque no sea necesario lleves la cuenta, el tiempo la llevará por vos y cada vez se extraña menos y en su lugar cada vez se recuerda más. Todo mi cariño para vos en este día del natalicio de la mamá que te dio la vida
Hugo: Es bueno hacer o escribir lo que uno cree que ayuda a llevar eso, que todos sentimos, la enorme ausencia!!! Pero lo mejor de todo es pensar todo el tiempo que la vida nos permitió tenerlos y disfrutarlos. (Cuando ví tan cerca la bandera a cuadros, el único santo que invoque, fue mi vieja. No se si me curó ella, pero que bien me hacía). Le mando a Elsa un beso de los que tantos años no le di.
Caro: Gaby, me emociona mucho la idea del celular para los que están allá arriba. Siempre me encantó escuchar cómo te ocupabas de tu mamá. Cómo te ocupabas tanto porque estuviera bien. Feliz PNC
Euge: Feliz Cumple Peta querida acá estamos conectadas desde ese celular imaginario para decirte Feliz Cumple!!!!!
Vale: Lindísimo sueño, Gaby ... y siguen estando aunque no estén

miércoles, 10 de enero de 2024

Mi cuento de Navidad


Siempre que voy al cementerio voy con una especie de ilusión. Corto flores y ramas de mi jardín y las ato con un lindo moño, y cargo una botella de agua “de la casa” para poner en el florerito. A medida que avanzo por el camino lateral ya adivino desde lejos el lugar, junto a un nogal antiguo y un banco de cemento.

Voy con cuidado, tratando de no pisar la cara visible de los otros muertos. Elijo cuidadosamente el pasto, como harían los chicos en un juego de no pisar las baldosas blancas, o como sin duda lo haría el maniático personaje de Jack Nicholson en “Mejor… imposible”.
Llegar a la parcela y ver la lápida familiar fue un shock. Durante mucho tiempo, solo habían estado los nombres de mis abuelos, grises y erosionados por años de lluvias y soles. Esta vez ya habían agregado el nombre de mi mamá, cuyas letras negras resaltaban sobre la piedra blanca. Y también el de mi papá, que por un error administrativo, no habían grabado en su momento, hace más de 15 años.
Mi última imagen de "ella" fue una urnita de madera cubierta de pétalos de rosa en un pozo cuadrado, aún abierto. Y hoy, ver ese nombre en grandes letras negras fue un sello que me hizo más evidente lo innegable.
Pero no fui este día con ganas de estar triste, sino con ánimo de saludar y agradecer. A ella y también a mi viejo y a mis abuelos Pá y Piti. Por cómo me cuidaron, las comidas ricas que me hicieron, los paseos, los retos, los consejos, las prohibiciones, toda la ayuda, las charlas, el ejemplo.
Y para decirle a mi vieja, que partió hace ya 3 meses, que la extraño, que me hacen falta sus rabietas, sus historias y sus tejidos. También que sabía que estaba cansada, aunque creo que le hubiera gustado estar esta noche brindando con nosotros, aunque estuviera medio cascoteada.
Pero bueno, allá en el parque quedaron las flores con el agua de la casa, y desde acá la recordaré esta noche en esta primera navidad sin ella, mirando para arriba, buscando alguna estrellita que brille más que el resto, y pensando que a lo mejor … es ella.

jueves, 5 de mayo de 2022

Metete el gato en el culo

 

Un hombre pinchó una goma en mitad del campo. Se bajó del auto y allá lejos vio una luz encendida en una casa y empezó a caminar hacia ahí para buscar ayuda.  

Mientras caminaba pensaba: “¿Y si no tienen gato?, ¿y si no me quieren ayudar?, ¿y si tienen gato pero los malparidos me piden plata? ¿Cuánto me pedirán?, ¿1000 pesos? ¿2000 pesos?, ¿5000 pesos?”.  Y así siguió imaginando situaciones, una peor que otra.

Cuando llegó a la casa, tocó el timbre, y un hombre le abrió la puerta. Sin dudarlo, nuestro personaje le dijo: “¿Sabés qué? ¡Metete el gato en el culo!” 


Este chiste viejo pero muy real describe lo mal que estamos predispuestos muchas veces, por las dudas, o por hábito. Algunos dicen que la situación, el estrés, la sociedad, el mundo, la guerra, la pandemia, etc. hacen que todos estemos siempre al borde del estallido. 

Personalmente tengo que admitir que estaba acostumbrada a defenderme por las dudas. Y a pensar que el otro venía irremediablemente a tratar de joderme la vida. Por suerte, con los años y la terapia, pude ir dándome cuenta de esto y al menos, reflexionar antes de tirar la primera piña. 

En mi barrio hay una barrera muy transitada, donde los que la cruzan tiene prioridad de paso. Como se juntan muchos autos, hay una fila que aguarda del lado izquierdo, donde más de una vez los conductores empiezan a tocar bocina impacientes. Pero no les queda otra que esperar, la prioridad de paso es así. Sabiendo que estoy ejerciendo mi derecho, hasta me gusta tirarle el auto encima a que atisba a pasar cuando no le corresponde. 

El otro día, mientras yo "ejercía mi derecho", cruzaba la barrera y doblaba, un hombre que esperaba sobre la izquierda me hizo una seña como de "poné el guiño". Yo frené junto a su ventanilla y le dije con voz metálica "tengo prioridad". "ya sé, por eso te estoy esperando, pero tenés que poner el guiño para que el que espera sepa si vas a doblar o a seguir derecho". 

El hombre tenía toda la razón, y me sentí una cocorita insoportable, igual al del cuento. Juro que desde ese día me propuse respirar hondo y mirar antes de decir "metete el gato en el culo" porque la mitad de las veces, la gente solo quiere ayudar. 

domingo, 30 de enero de 2022

Desde arriba



La sala solo tenía algunos apliques encendidos, que dejaban ver torres de butacas de terciopelo morado. Habían sido removidas del piso y ahora estaban amontonadas en un costado, contra las paredes. Los palcos estaban en penumbra, aunque se podía adivinar también un juntadero de sillas apiladas. ¡El escenario sí que estaba iluminado a pleno!  Y realzaba los pliegues del inmenso telón borravino, sostenido a cada lado por sogas doradas, rematadas con borlas de seda al tono.

Mientras subía a la plataforma por una escalerita central, ella no pudo evitar sentirse -solo por un instante- una estrella de Hollywood en busca de su Oscar. Sonrió y se puso a pensar cuál sería su discurso de agradecimiento, cómo sería su vestido y cómo se vería todo ese gran público desde las tablas.  Pero la voz del muchacho de la inmobiliaria la volvió a la realidad.


-         "Hay otro interesado, pero la empresa cree que sería bueno poner acá una librería para proteger el edificio. Las molduras, los óleos del cielorraso, los balcones de los palcos...son trabajos artesanales que ya no se hacen. Y el edificio parece que lo quieren declarar monumento histórico, así que no sería ético alquilarlo para conciertos de rock. Al segundo show seguro que algún desubicado se sube a un palco y rompe todo. O se cuelga del telón y le arranca un pedazo…"

Mientras el empleado seguía con su discurso ella se puso a curiosear detrás de las bambalinas. Nunca había vuelto a caminar por la “parte de atrás” de un cine teatro, desde aquellos actos escolares en el “25 de Mayo” de la calle Triunvirato, en Villa Urquiza. Mientras esperaban que los chicos de otros grados hicieran sus representaciones, los de segundo habían recorrido el escenario de punta a punta por detrás del cortinado. Hasta que finalmente les llegó el turno y quedaron frente al público para cantar “Old McDonald had a farm”, disfrazados de pollitos, vacas, cerdos y conejos.

El recuerdo de esa foto suya disfrazada de chanchito rosado la hizo sonreír, hasta que su pie se topó con una paloma muerta apoyada contra un rollo de gruesas sogas. El hallazgo la trajo de vuelta a la realidad u una sensación de asco e impresión empañó la fascinación por el lugar. 

Impresionada, volvió al escenario, y caminó hasta el borde. La sala semi oscura se abría al frente:  la planta vacía sin butacas era inmensa, los tres pisos de palcos acotaban aquél  recinto majestuoso. Un poco más arriba, el cielorraso circular rodeado de tenues luces amarillentas realzaba las pinturas de figuras femeninas rodeadas de ángeles.. De nuevo se puso a pensar cómo sonarían los aplausos desde ahí arriba. Cómo se sentiría las actrices y los actores al recibir el reconocimiento del público.

La charla del empleado, que seguía conversando animadamente con su ex marido, la sacó del ensueño. Ya estaban ultimando los detalles del contrato de alquiler, en principio por 5 años, con derecho a renovar. Solo faltaba una última recorrida por el sótano y la sala de máquinas. Antes de bajar, y mientras los hombres se dirigían a la escalera de servicio, ella miró una vez más hacia los palcos superiores. Y no pudo evitar extender  los brazos (total nadie la veía); hizo un reverencia como las que vio hacer tantas veces a las actrices de Hollywood en la teles. Sonrió y dijo en voz muy baja: “gracias a todos, muchas gracias”.  


jueves, 7 de octubre de 2021

Ros ¿quéeee?

 Los mil y uno cortes... mandá tu versión

De milagro éste le pegó

Amigo de Jaime


Las carnes rojas, que le dicen


de 
Sencillez ante todo



Más IVA


Barroco el muchacho


ay casiiii


fafafa


empata en el podio


Economía de recursos se llama esto


Ros Stewart


vamo la remolacha


Los precios están por las nubes...o por el techo



lunes, 23 de agosto de 2021

Hoy cumple mi abuelo

 


El 23 de agosto era el cumpleaños de mi abuelo Pa. Pasé mucho tiempo con él y con mi abuela Piti: me llevaban con ellos de vacaciones a Mar del Plata, todos los febreros. Me cuidaban en su casa cuando no había colegio. Trabajaba en la compañía de seguros Boston, y me encantaba ir con mi abuela a buscarlo, pero antes jugar un rato con los sellos de su escritorio y usar la abrochadora y la perforadora.

Cada fin de semana me iba con ellos al club de Seguros, en Moreno. Ahí empecé a jugar al tenis y también conocí al chico que me dio mi primer beso. Cenaba con ellos cada noche a las 20.30, pero antes mirábamos un poco la tele: Bonanza, El Gran Chaparral o Grandes Valores del Tango. Sus preferidos eran Rosanna Falasca, Guillermito Fernández, Tito Lusiardo y “Marianito” Mores.


Estaba orgulloso de su familia, y le encantaba reunirnos en su casa para hacernos un asado. Cuando había asistencia perfecta traía la cámara para conseguir “la foto” para mandare a los primos de España. No hubo muchas dignas de despachar, ya que siempre alguno hacía cuernitos o sacaba la lengua y arruinaba a imagen. ¿Qué iba a pensar el primo Eusebio de semejante conducta?

Cuando pasó el tiempo y con mis primas empezamos a usar minifaldas, ponía esas terribles caras de culo que de chicas nos habían asustado tanto.  Pero se hacía el gil cuando llegábamos con olor a cigarrillo, a pesar de que “las niñas y las mujeres”… no tenían que fumar. Era, para mí, la autoridad que siempre hace falta tener para desobedecer. Algo que, según entiendo, es algo bueno o sano para nuestra psiquis.

Me encantó tener ese abuelo, tan presente, apasionado, trabajador y generoso. Como tantos inmigrantes que llegaron con nada, supo forjarse una buena vida. Y contó con dos virtudes que lo ayudaron mucho: era bastante buen mozo, y sobre todo, muy empático. “Juanito” no pasaba desapercibido. Por eso lo tengo siempre presente, como una mano protectora que siempre me cuidó.

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Sigue...

Esta entrada generó muchos comentarios en Facebook y hay algunos de la familia que suman más a este recuerdo. Por eso los agrego acá.



  • Lucía Lizzi
    Una gran persona tu abuelo. Le gustaba el tango y discutía con su cuñado por Goyeneche. Tengo un hermoso recuerdo de Pata !
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    • 6 d
  • Liliana Lastra
    Y cada domingo que podía venía con la bici a casa de su hna Tita a tomar el clásico vermucito con picada 😍
    1
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      • 5 d
    • Francisca Puerto Cerrato
      Me ha encantado el relato sobre tu abuelo, gracias por nombrar a mi padre. Yo conocí a tu abuelo y abuela. Encantadores. Los recuerdo perfectamente, fueron unos días juntos muy bonitos. Besos de tu familia de España.
      2
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      • 5 d

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    • Francisca Puerto Cerrato
      Me ha encantado el relato sobre tu abuelo, gracias por nombrar a mi padre. Yo conocí a tu abuelo y abuela. Encantadores. Los recuerdo perfectamente, fueron unos días juntos muy bonitos. Besos de tu familia de España.
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      • 5 d
  • Ana Maria Ponzio de Alurralde
    A mi me hacía batirle el café para que saliera espumoso, también ligué vacaciones en Mar delPlata y muchas noches de verano compartíamos el umbral de la puerta de calle con charlas y me cantaba La pulpera de Santa Lucía, cuando más grande yo,, interrum… 
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    1

  • Alicia Rodriguez
    Que pinta!!!!!! Una vez una señora que lo vió venir por la playa me preguntó: ESE ES TU PAPÁ? Y yo más que orgullosa le dije: SI

Una caricia en el monitor

  Hace un tiempo terminé de vaciar el departamento de mi papá, y entre las pocas cosas que dejaron mis “hermanastras” encontré una fotito de...

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