viernes, 13 de junio de 2014

La madre de Frankenstein


Finalmente...me engripè. No creo que sea porcina, sólo una gripe común pero suficiente como para sentirme cansada, con fiebre y dolor de huesos, uñas, pelo, piel etc. Los chicos, en casa de vacaciones forzadas.

A mis hijos los adoro, pero tengo que confesar que son tres monstruos. ¿Cómo puede ser que la vean a una despeinada, en pijama a las 4 de la tarde, con los cachetes colorados por la fiebre, ojerosa y cansada y pregunten "Mááá, qué pasa con la comida" como si nada? Lo malo, malìsimo, es que ni se les cruza por la cabeza pensar en que mamà se siente mal o no tiene todas las pilas como para hacerles ravioles caseros justo en ese dìa. Ni que hablar de ofrecerte un tecito, o en un rapto de locura filial...lavar los platos del almuerzo. Ahì yace el cementerio de fuentes, tazas, vasos y jarras esperando que la fiebre nos afloje para calzarnos los Pirelli y empezar a lavar con energìa.

Sé que no soy la ùnica; siempre recuerdo las quejas de una amiga que habìa pasado por el quiròfano (involuntariamente) y esperaba que los hijos le alcanzaran un tè a la cama. A ella le encanta poner la taza de porcelana inglesa con su plato y hasta el mantelito de broderie debajo, la cuchara de plata y la sacarina en una cajita primorosa. Bueno... sin esperar tanto, le llevaban el mug màs horroroso de la cocina, cachado y viejo, sin platito, sin cuchara, sin azùcar, ¡sin amor!

Por eso es que me siento la mamà de Frankenstein, el Hombre Lobo y la Bruja de Hansel y Gretel. ¿Què tipo de monstruos hemos creado, que no son capaces de reparar en nosotras cuando estamos mal?
Recuerdo que a mi mamà, cuando la veìa enferma, le llevaba el desayuno a la cama, le lavaba los platos para tratar de ayudar y esas cosas. Pero hoy...estàn todos muy ocupados mirando sus ombligos y exigiendo màs y màs a cambio de nada. Digo yo... ¿cómo llegamos a parecernos tanto a Neurus? ¿Qué fue lo que hicimos mal?

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