
Hace
un tiempito, un divorciado conocido me pidió que le presentara a una
amiga, ya que andaba buscando compañera con derecho a roce. Hoy está
lleno de conocidas sin pareja que estaría bueno poder "colocar", así que
acepté enseguida. “Yo te voy a hacer de Celestina”, le prometí. Y
después de haber analizado el caso en profundidad, sopesar sesudamente
defectos, virtudes, similitudes, aptitudes, latitudes y altitudes,
arreglamos una salida en grupo. La cosa anduvo aceitada por un tiempito,
y luego sobrevino la ruptura, el desencanto, y todo ese rollo de las
separaciones.
El personaje de La Celestina es el estereotipo del
que te consigue pareja, pero, ¿se acuerdan bien de esa historia que
nos hicieron leer en el secundario? La portada del libro tenía un
grabado de la protagonista, una vieja bastante fulera vestida de negro, y
el texto era complicado y aburrido. Sin embargo, tal como está hoy en
la Wikipedia, parece mucho más jugoso y lleno de condimentos
interesantes. Pero de todo eso no se hablaba en aquella época, primero
porque éramos chicos, segundo porque mi colegio no era para nada progre,
y tercero, porque estábamos en pleno proceso militar y controlaban
mucho los contenidos pedagógicos.
La historia se situaba en la
época de los Reyes Católicos, por allá por el siglo XV, y contaba las
desventuras del joven Calixto. Como pasa siempre, el pobre se había
enamorado de la bella Melibea, que por supuesto no le daba ni la hora.
(Es evidente que los argumentos son siempre los mismos, ya sea en el
Medioevo o en la quinta temporada de Casi Ángeles). Como sea, alguien
aconsejó al joven despechado que buscara ayuda en lo de la Celestina.
¿Quién y cómo era esta famosa Celestina? Hoy lo tomamos como sinónimo
de una buena viejecita casamentera. ¡Error! Era una bruja de lo peor.
Había sido prostituta en sus años mozos y ya de vieja se hacía pasar por
vendedora de cremas, hierbas y adornos diversos para entrar en las
casas, una especie de agente de Mary Kay de nuestros días. Ese era su
modus operandi para fisgonear, hacer gancho o concertar citas de
amantes. Como changuita extra, también regenteaba un prostíbulo con
varias pupilas. La cosa es que luego de un hechizo y un conjuro a
Platón, se chamuyó a Melibea y logró que se enamorara de Calixto, el
joven despechado.
Historias aparte, ¿cuántas veces quisiéramos
ponernos en el papel de “Celestinas” para hacerle el favor a nuestra
prima separada con el cuñado viudo de una de tus amigas? Pero la cosa no
es tan fácil, ya que no se trata solamente de arreglar una salida en
grupo y de paso, presentar a los sueltos. Muchas veces intentamos hacer
un estudio previo de la psicología de cada personaje, una suerte de Test
Match casero para ver si son compatibles, y si de esa unión podrá
surgir algo medianamente aceptable o duradero.
En ese trucho
test que hacemos los que no entendemos un pepino de esas cosas,
deducimos que si ella es una maniática del orden y él tiene el auto
lleno cosas como si fuera un viajante de comercio, la cosa no va. Si él
tiene fobia a los chicos y ella tiene como para formar su propio equipo
de fútbol, tampoco. Si él es un intelectual que vive con el librito bajo
el brazo, y ella sólo lee el prospecto de la crema antiage, no pinta
bien.
Nos disfrazamos de especialistas truchos para tratar de
entender la psiquis de el o de ella para pronosticar si se van a gustar.
Si el es un pirado de aquellos, tal vez ella con su master de
neuropsiquiatría logre contenerlo. O si el es un autoritario
insoportable, tal vez se lleve bien con ella, que es sexto dan de Tae
Kwon Do. Ella es una chica verde que ama las planta, y él también está
verde, aunque de tanta biblioteca y sólo ver la luz del sol en una foto
del monitor. Algunas parejas no se aguantan cuando están juntos, pero
cuando están lejos uno del otro se extrañan. Es que no tienen con quien
pelear y eso les provoca un vacío insoportable.
Y ya que
congeniar es tan difícil, alguna vez me sentí culpable de haber sido
Celestina. Y me pregunto si hice bien. El periodo que duró la relación
inducida, ¿los hizo felices? ¿O hubiera sido mejor decirle a aquél
divorciado “no conozco a nadie para presentarte”?
Definitivamente,
no es bueno que el hombre este solo, tampoco la mujer. Y doy fe de que
mientras duró, los vi bien, contentos y risueños. Por eso cuando me
pidan, yo hago de nuevo de Celestina en versión Disney, sin burdeles ni
conjuros. Y que después se arreglen entre ellos, que ya somos gente
grande. ¡Platón o Cupido seguro los van a ayudar!